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miércoles, 23 de mayo de 2012

Energía y vibración

Corrientes eléctricas, marinas, el viento, tormentas, el núcleo terrestre, las corrientes de convección, los volcanes, el fuego, las corrientes subterráneas, los polos magnéticos, las ondas de radio, los movimientos de rotación y traslación alrededor del sol... Todo nuestro planeta, todo el mundo que nos rodea, incluso en las grandes ciudades, está cargado y movido por energía. Podemos verla al encender un bombilla o arrancar el coche. Al observar una tormenta o estremecernos ante la fuerza de una cascada.
La energía lo inunda todo, incluso nuestra vida, nuestras células. Y por supuesto, nuestra mente, porque el sistema nervioso es uno de los sistemas más energéticos que poseemos, ya que la base de la transmisión neuronal es, además de química, altamente eléctrica.

Cuando estudié Física en el instituto, al dar la teoría de los campos electromagnéticos, descubrí que siempre que se producía un campo eléctrico, inevitablemente a su alrededor se creaba un campo magnético. De la misma manera, cualquier campo electromagnético crea una corriente eléctrica (véase, cuando nos "cargamos" eléctricamente y vamos pegando chispazos a la gente). Siendo así, no es de extrañar que también nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso, movidos por impulsos eléctricos y potenciales de acción, también cree algún tipo de campo u onda (véase las ondas alfa, beta, theta y delta que captan los encefalogramas actuales).

Esto demuestra que todos los seres vivos somos mucho más que una amalgama de células, tejidos, órganos y compuestos químicos. Somos pura energía (en The Matrix las máquinas usaban a los humanos como pilas, ¿por qué creéis que es si no?). Y no somos una fuente de energía estática: fluimos constantemente, ya sea a través de la sangre, la linfa, o el agua que forma parte del 65% de nuestro cuerpo. Estamos acostumbrados a una armonía energética y homeostática, por lo que somos sensibles a los cambios de ondas y campos electromagnéticos a nuestro alrededor y en nuestro interior.


Hay muchos tipos de energías, unas más sutiles que otras. Y los seres humanos somos, de hecho, muy sensibles a ellas. Sin embargo, creo que no todos los tipos de energías pueden medirse con un voltímetro o con un detector de frecuencias. Muchas de estas "energías" no tienen una naturaleza tan puramente física, sino que se perciben de una forma mucho más subjetiva.

Por ejemplo, seguro que muchos podemos notar la diferencia que hay cuando nos sentimos felices y eufóricos, que parece que tenemos tanta energía que podríamos comernos el mundo; a cuando estamos tristes o deprimidos, que no tenemos ganas de nada (estamos como "sin energía"). Incluso podemos diferenciar sutiles diferencias entre estados energéticos similares, como la nostalgia y la tristeza, o la rabia y la ira en su estado puro.
Y esto no sólo se aplica a los estados anímicos internos. Podemos saber perfectamente cuándo alguien está también deprimido, o realmente feliz, o molesto o enfadado. Bien, en esto, evidentemente, la expresión de las emociones juega un papel muy importante, pero esa "forma" a veces puede falsearse, como hacen los actores. Y aún así, una parte de nosotros puede llegar a percatarse de cuándo alguien está "actuando" delante de nosotros, tenemos una "vocecita" que nos lo avisa, o una sensación extraña que no termina de cuadrar... De alguna manera, sabemos que "lo que vemos" no se corresponde con lo que "percibimos".

Muchos psicólogos atribuyen esto a la captación de patrones, pues siempre nos es más fácil determinar si alguien miente o no cuanto más lo conocemos, mientras que intentarlo con desconocidos suele ser bastante más complicado. Nuestro ingenio hace que nos demos cuenta de las conductas extrañas o de los gestos inusuales que pueden hacer que sospechemos que un conocido está pasando por algún tipo de problema o que hay algo que le preocupa, aunque finja que está estupendo.
Explicado de forma un poco más espiritual, podría decirse que cuando conocemos a alguien, poco a poco nos vamos acostumbrando a la energía que transmite con sus emociones, su forma de ser, sus gestos, su forma de hablar... Más concretamente, a su vibración. Y cuando se produce un cambio en la vibración, por lo que sea, aunque esa persona intente ocultarlo, nosotros seguimos intuyendo que algo va mal.

De la misma forma, se puede aplicar esta terminología a cosas más cotidianas. Por ejemplo, cuando conocemos a alguien y pensamos "Huy, este tío me da mal rollo" o "Creo que esta chica me tiene miedo"; y a lo mejor estamos teniendo mientras tanto una agradable conversación sobre fútbol o cualquier otra cosa banal. Normalmente esto se debe a que percibimos perturbaciones en su vibración, o porque percibimos cosas que no encajan, aunque no sepamos decir qué es.
O cuando, por el contrario, "conectamos" en seguida con alguien que tiene una vibración similar a la nuestra, o "hay química" cuando alguien nos gusta, y nosotros gustamos a dicha persona...
También se aplica a espacios u objetos, como un lugar hermoso que nos hace sentir bien, un atardecer que nos roba el aliento, una canción que nos pone los pelos de punta, una foto o regalo que nos trae recuerdos, releer un libro que conocemos y que nos gusta, un amuleto con algún tipo de significado especial... Todo ello es vibración que percibimos y que altera, de según que maneras, nuestra propia energética.
La forma de conectar entre los seres humanos, de ver lo que nos rodea como algo hermoso, o incluso de no llevarse nada bien, tiene mucho que ver en nuestra forma de tratar a los demás, y generalmente, de tratarnos a nosotros mismos. La energía que desprendemos hacia la gente es el reflejo de nuestra propia energía.

Los que creen en tradiciones más paganas y practican ritos basados en magia, espiritismo y similares, también aplican términos de energía y vibración cuando hablar de fantasmas, espíritus, Dioses, hechizos y magia. Sin embargo, no voy a entrar por ahí, porque, aunque dedicaré en un futuro un poquito de atención sobre este tema, no es algo en lo que me quiera entretener por ahora. Sólo os lo digo para que "sepáis que existe".

En nuestra cultura, muchos llaman a esta energía, simplemente, "energía" (como una servidora). Otros cogen nombres más esotéricas, como "energía espiritual", "energía mágica" o "energía astral". Los hay que optan por términos más humildes, como "energía universal" o "energía cósmica". Algunos prefieren términos más referidos a las culturas orientales, como "chi", "qi" o "reiki".
Podéis llamarlo como más os guste. Por mí, como si lo queréis llamar "La Santa Energía Del Monstruo Volador Del Espagueti". La terminología es lo de menos.


La cuestión es que el mundo está lleno de energía, y por ende, también lo están todos los seres que viven en él. La energía fluye a través del planeta, y a través de nosotros. Todo el rato estamos cogiéndola del exterior, ya sea comiendo, durmiendo, bebiendo o meditando; y todo el rato fluye por nosotros hasta que la emanamos hacia fuera, ya sea gastándola en hacer ejercicio, esfuerzos, pensar, trabajar, hacer algún trabajo creativo o darle un tierno abrazo a nuestra pareja. Somos parte del círculo energético, y este ciclo también está representado dentro de nosotros. Si nuestro propio círculo energético no fluye con armonía, no podremos integrarnos en el gran círculo de la vida y no lograremos alcanzar nuestras metas futuras.


Como veis, la energía y la vibración no tiene nada que ver con Dioses, ni Deidades, ni magia práctica, brujería o paganismo. Es algo bastante natural, no contradice ningún tipo de creencia.
Así, espero haber aclarado un poquito qué es esto, porque nos va a ser muy útil de aquí en adelante (hablaremos constantemente de energía y vibración), ya que veremos cómo las piedras pueden ayudarnos a acceder a este "mundo energético" y ayudarnos a través de él a mejorar nuestra calidad de vida.

Célica/Soldream
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